viernes, 26 de junio de 2015

Demasiado Ministerio, para tan poco...Ministro.

El nuevo ex ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wertpasará a la historia como el que quiso españolizar Cataluña, el toro bravo que se crece con el castigo, el peor valorado del Consejo de Ministros de Rajoy CIS tras CIS, el que dijo que la selectividad no funciona porque aprueba el 94% de los alumnos, el que dijo que a los “pobres” hay que exigirles que estudien para recibir una beca, que la fuga de cerebros nunca debe considerarse un fenómeno negativo, que la educación pública ha dejado de contribuir a la sociedad, el que se mofó de las familias sin recursos económicos para pagar las tasas universitarias, el partidario de la segregación por sexo en las aulas, el que se desentendió de la cartera de Cultura y de Deporte y se centró, a fondo, en la de Educación, con la hidalga Montserrat Gomendio, que de secretaria de Estado pasó a prometida.
Es el único cariño que se le conoce al ex ministro que abandona su cargo hoy, después de haber actuado como el pirómano favorito de Mariano Rajoy, en quien el presidente vio un hombre resuelto e infatigable, que le ofrecía lealtad personal absoluta y habilidad suficiente como para librarle tanto de las emboscadas de las facciones internas que cuestionan su poder absoluto, como para disuadir las fullerías de la oposición.
Pronto demostró su falta de pericia para atender eficazmente a los asuntos de Estado, mostrando soberbia e intolerancia, ignorando reclamos, deudas y protestasTambién Esteban González Pons, entonces vicesecretario de comunicación del PP, le hizo arrumacos al asegurar de Wert que en un mes en su cargo ya había encontrado un tesosor (el del Odyssey) y descubierto la otra Gioconda, la del Museo del Prado. Al margen del menosprecio a los especialistas que llevaban trabajando años en ello, añadió una frase lapidaria: "Es un político brillante, valiente y un especialista en salvar escollos y deshacer nudos gordianos, al que no le falta ni la buena suerte de los campeones deportivos".
Los problemas de fondo han estado lejos de la capacidad -aunque no de su comprensión- de un hombre sin experiencia política, aunque con máster en manipulación de pasillo. Pronto demostró su falta de pericia para atender eficazmente a los asuntos de Estado, mostrando soberbia e intolerancia,ignorando reclamos, deudas y protestas de los tres ríos que confluían en él: educación, cultura y deporte.

Con Montserrat Gomendio (izda) en la última gala de los Goya. (GTRES)
Con Montserrat Gomendio (izda) en la última gala de los Goya. (GTRES)
Ha tumbado a la clase media –el nicho rollizo de votantes del PP- con medidas educativas que fomentan la desigualdad. No ha impulsado medidas reformistas de ningún tipo y la Ley de Propiedad Intelectual que aprobó hace unos meses está bajo sospecha por el tribunal de justicia de la Unión Europea y, además, la cerró para que caducara en un año. Hombre tan ilustrado como cínico, tan inteligente y diestro con la palabra –al servicio de los intereses del partido- como ministro empeñado en satisfacer su ambición y vanidad. 

"Usted no es de los nuestros"

Alejado de la cultura, el “toro que se crece” recibió una cornada mortal cuando el propio presidente se sentó a la mesa con la gente del cine y con Cospedal, y no le llamó. El presidente debió de hacer caso a Pedro Almodóvar, cuando le soltó a la cara y en directo, en los últimos Premios Goya, aquello: “Usted no está incluido en la lista de amigos de la cultura”.
Aquel día en Moncloa, como adelantó este periódico, se resolvía una deuda contraída por el Estado con la industria, con forma de real decreto a la semana. Era la puntilla para el “toro” que dio plantón al mundo del cine en sus segundos Goya. Ha jugado en la línea del derribo cultural, con una delantera inolvidable:Montoro-Lassalle-Wert. Con su secretario de Estado también han saltado las chispas desde el primer día, en una lucha interna de cuyos daños colaterales ha sido víctima el sector industrial cultural, al que se le prometió desde el primer año una nueva vida basada en el desarrollo de la participación privada en la financiación cultural. Pero nada.
Demostró su invalidez para defender ante el Consejo de Ministros a los sectores que representaba constantemente. El más grave de todos, el de la rebaja del IVA cultural. Quiso apañar un acuerdo con Montoro para pasar del 215 al 10%, como en el resto de Europa, para regresar a los Goya con orejas y rabo. Y lo hizo con el rabo entre las piernas. Buen viaje.

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