viernes, 20 de junio de 2014

La proclamación, La Fundación y su parte más Rosa...

Una asignatura pendiente y cuatro tareas que los reyes no cumplirán en Asturias

El cambio de nombre de la Fundación Príncipe será realidad en breve pero no significará necesariamente que la princesa Leonor pase más tiempo en la región
Viernes20 de junio de 2014
Asturias 24
@asturias24es
La sección de la página web de la Fundación Príncipe de Asturias dedicada al heredero del trono español ha dejado de funcionar. Lo que aparece en ella es un mensaje de disculpa y el anuncio de que la entidad está trabajando en su actualización. Más adelante, cuando haya concluido esa puesta al día, la hija mayor del nuevo rey de España sustituirá a su padre como protagonista de los textos y las fotos incluidos ahí. Por meras razones de edad, el archivo tardará años en ser tan amplio como el consagrado hasta ahora a quien es ya Felipe VI. No debería tardar tanto, sin embargo, el cambio del propio nombre de la organización por un Fundación Princesa de Asturias para reconocer la nueva realidad de que ahora existe una portadora del título. Es un asunto relativamente menor –solo simbólico y sin duda menos importante que la reforma de la preeminencia de los hombres en la sucesión, cuya derogación necesita una reforma constitucional— pero con mucha carga simbólica para esa modernización de la monarquía anunciada en el discurso su nuevo titular. Y es también la primera de las asignaturas pendientes y de las tareas que tal vez nunca se lleven a cabo que aguardan a la nueva pareja real en Asturias.
Porque hay más. Desde hace años, se han publicado en el Principado quejas por la escasa presencia en Asturias de las dos hijas de Felipe y Letizia. El argumento reza que Leonor, la nueva princesa, apenas conoce la tierra que da nombre a su título. Puede que la situación siga así durante algún tiempo, hasta que alcance una edad que sus padres consideren apropiada para que empiece a asistir a la ceremonia de entrega de los premios en el Teatro Campoamor, porque, en realidad, esa crítica no resuena únicamente en Asturias. Entre los partidarios y los consejeros cercanos de la Casa Real (como recuerda El Mundo), muchos lamentan la escasa presencia en los medios de comunicación de Leonor y Sofía. Creen que su fotogenia es uno de los mejores activos para la imagen de los Borbones. La nueva reina, sin embargo, tiene sus propios planes para la educación de las niñas y en ellos no entra la posibilidad de exponerlas desde muy jóvenes al bombardeo de las cámaras y los micrófonos.
Probablemente también resulta imposible que los flamantes propósitos de austeridad con los que comienza el reinado se vean reflejados en los desplazamientos oficiales a Asturias. Los salones y las habitaciones del Hotel de la Reconquista no son los más humildes ni los más económicos entre los alojamientos de Oviedo, pero parece impensable que los reyes se alojen en otro lugar. Hay, además, razones organizativas y de seguridad para mantener esa elección, puesto que buena parte de los actos vinculados a la entrega de los premios de la Fundación tienen ese mismo escenario y el mecanismo que los rodea está engrasado desde hace más de 30 años.
La alternativa, en todo caso, puede resultar onerosa. Porque, desde el anuncio del compromiso de la pareja, hace ya más de diez años, no ha dejado de circular en algunos sectores la idea de ofrecer a los príncipes, ahora reyes, una residencia oficial en Asturias. El origen de esa propuestas puede rastrearse incluso más atrás en el tiempo. En 1995, mucho antes de todo el escándalo sobre la expropiación de Villa Magdalena y el coste astronómico que supuso para el Ayuntamiento de Oviedo, un constructor lanzó la especie de que el palacete sirviera como alojamiento para el príncipe, aún soltero, durante sus estancias en Asturias y el entonces alcalde, Gabino de Lorenzo, le dio cierta consideración. Ninguna de esas soluciones parece ajustarse al nuevo espíritu de ahorro que demandan los tiempos. Nada habría que oponer, por el contrario, a que la familia estrechara sus lazos con las localidades que cada año reciben el premio al Pueblo Ejemplar. Sería aleccionador que los reyes pasaran al menos una noche en cada uno, un baño de esa realidad que aspiran a encontrar.

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