sábado, 13 de junio de 2015

Sensato....

Miguel Rodríguez Muñoz

Las elecciones del 24-M prometían un cambio político que, sin embargo, no llega del todo a Asturias tres semanas después del escrutinio. Los votantes de la comunidad autónoma giraron indiscutiblemente a la izquierda, pero esa nueva orientación no quedará reflejada por completo en las instituciones. En el Gobierno regional, donde nada indica que Javier Fernández vaya a perder la presidencia, y en los dos principales ayuntamientos impera la continuidad. La derecha seguirá al mando en Oviedo, con Agustín Iglesias Caunedo, y Gijón, con Carmen Moriyón. Los partidos de la izquierda no han conseguido superar sus desavenencias para cerrar candidaturas conjuntas. El profundo desencuentro entre el PSOE y Xixón Sí Puede (XSP), plasmado el jueves en la consulta popular de la candidatura de unidad popular, volvió a quedar patente el viernes en una última e infructuosa reunión in extremis y se trasladó a Oviedo. En la capital sí había un pacto preparado entre los socialistas y Somos, además de IU, pero la organización autonómica del PSOE lo vetó en represalia por el desaire a su candidato gijonés. Fue, además, una decisión que adoptada sin grandes dudas ni divisiones: de los 174 integrantes del comité autonómico, 159 votaron contra ese acuerdo y solo 15 a favor.
En una jornada intensa, de idas y venidas, los tres partidos que podían sumar mayoría en Gijón se reunieron tras conocer que la consulta de XSP había dado un resultado contrario al pacto: los simpatizantes de la candidatura descartaban votar al socialista José María Pérez y, en cambio, instaban a presentarse a la investidura a su propio candidato, Mario Suárez del Fueyo. IU, la tercera fuerza de esa alianza hipotética, intentó una propuesta de consenso para salvar el pacto: una alcaldía rotatoria, ocupada primero por uno y luego por otro en las dos mitades del mandato. Pero la reunión a tres bandas en la sede socialista, retransmitida por streaming, solo sirvió para constatar que las posiciones son irreconciliables.
Al mismo tiempo, y a menos de 30 kilómetros, un reparto similar de actores –PSOE, IU y una candidatura de unidad popular con el apoyo de Podemos— sí consiguió entenderse y cerrar un programa común de gobierno tras comparar las propuestas de cada uno. De esa manera, Ana Taboada, de Somos, podía convertirse en la alcaldesa que pusiera fin a 24 años consecutivos de gobiernos del PP en Oviedo. Pero si la propuesta resultaba aceptable para los socialistas locales bajo la dirección de Wenceslao López, para la cúpula autonómica del PSOE suponía una cesión intolerable ante Podemos después del trato recibido el jueves. “Lo que sucede es que en Gijón no se puede votar a nuestro candidato no porque tenga ninguna tacha o mácula, sino simplemente porque es socialista. Pues los socialistas somos los mismos en Gijón que en Oviedo. En un sitio no se nos puede votar y en otro, por lo visto, tenemos la obligación política o moral de votar a Podemos. Eso no va a ser así”, señaló tras el cónclave socialista su máximo dirigente, Javier Fernández, que ya por la mañana había expresado su indignación por la actitud de lo que agrupa como “marcas locales de Podemos”.
No ha habido más portavoz socialista que el presidente en funciones, que, al explicar la decisión ante la prensa, ha exculpado a su partido de toda responsabilidad en la formación de los dos gobiernos de la derecha. “No ha sido posible otra cosa porque Podemos no ha querido”, ha dicho. La situación en el Parlamento regional, donde la distancia entre el nuevo partido y el PSOE en las negociaciones para la investidura del próximo presidente, en la que el propio Fernández aspira a la reelección, también se hace patente día a día, confirma que, además de político, el problema entre las dos organizaciones es personal. Los dirigentes de ambas no ocultan su escaso aprecio por los de la otra parte. Parte de las direcciones locales y de la militancia de Podemos no ocultan que el hartazgo con el socialismo es uno de sus motivos para entrar en política, mientras que el PSOE achaca a los recién llegados (lo hizo su portavoz parlamentario el jueves) “soberbia e infantilismo”.
Con esas posiciones de partida, los acuerdos a los que Podemos o algunas de las candidaturas de unidad popular que ha avalado han llegado con el PSOE en Madrid, Aragón y la Comunidad Valenciana parecen inalcanzables en Asturias. Aunque IU ha intentado ejercer como fuerza partidaria de acuerdos amplios de la izquierda, ni Gaspar Llamazares en la Junta General ni Aurelio Martín en Gijón han tenido éxito hasta ahora. La izquierda acude desunida a las investiduras.
En todo caso, que el relevo no se haga manifiesto en los lugares más visibles no quiere decir que las papeletas del 24-M no hayan servido para cambiar algunas cosas. El PP pierde dos de sus plazas tradicionales, Villaviciosa y Llanera, mientras que el PSOE se quedará sin Langreo ni Llanes. Con lo que se sabe a pocas horas de que comiencen los plenos constitutivos en los 78 ayuntamientos asturianos, el PSOE seguirá siendo la principal fuerza del municipalismo en la comunidad autónoma. Probablemente incrementará las 44 alcaldías que ha ocupado en los últimos cuatro años. Los cálculos del partido indican que puede llegar a 50. Entre mayorías absolutas y pactos ya consolidados se ha asegurado más de 40 y el resto pueden proceder de algunos de los 15 municipios que llegan al Día-D sin acuerdos previos y con todas las posibilidades abiertas.  IU y el PP controlarán seis cada uno. En otros seis gobernarán otras formaciones (Podemos, en un caso, y cinco agrupaciones independientes).

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