viernes, 20 de febrero de 2015

Dani Ripa al habla...

Secretario general de Podemos Asturias

"Necesitamos una mayoría amplia no por soberbia, sino para cambiar Asturias"

El primer secretario general de Podemos Asturias es un psicólogo de 33 años que ha trabajado en muchas cosas para llegar a ese punto. Ha investigado en la Universidad, ha vivido en el extranjero y ha ejercido de periodista. En los últimos meses se ha dedicado de lleno a afinar el proyecto de un partido nuevo con aires de enmienda a la totalidad a muchas premisas que se dan por sentadas en la política asturiana. Va en serio, señala para disculparse por un pequeño retraso. Llega a la entrevista directamente desde una reunión para estudiar las vías presupuestarias por las que aplicar su programa de rescate ciudadano en los primeros cien días de gobierno si Podemos gana las elecciones autonómicas. El candidato se conocerá en marzo.
Raúl Álvarez

RAÚL ÁLVAREZ

@RALLVAREZ
VIERNES 20 DE FEBRERO DE 2015
¿Cómo le ha cambiado la vida en este último año que ha dedicado a Podemos? ¿Cuánto se le ha complicado?
Muchísimo, pero para bien. Hay una parte de ilusión, de sensación de vivir un momento histórico. El año y medio entre las elecciones europeas y las generales es una situación que solo pasa en España cada 30 años. Va a cambiar el rumbo de la historia en una dirección u otra. Ser partícipe en ello es muy ilusionante. Supongo que es algo parecido a lo que sintió la gente a la que le tocó vivir el final del franquismo y la transición. Hacían algo para cambiar las bases de lo que sería España en las siguientes tres décadas. Por eso nosotros hablamos de Asturias 2030… Lo otro, el coste personal significa pasar de ser gente normal que va a bares y hace vida común a una sobreexposición, a convertirse en figura pública. Es algo que a nosotros nos choca, porque hace un año ni nos lo planteábamos. Quizá en un partido tradicional te preparan para ello. Hay un proceso de captación y un periodo en el que se vive de la política antes de ser una cara visible. Aquí hemos pasado de la nada a que nos paren por la calle para hacernos preguntas. Da vértigo, es un proceso difícil de afrontar.
En Podemos hay muchas personas con gran formación académica, pero ¿estaban preparadas para este curso acelerado en comunicación política?
Diría que hay una inercia, una marea, que viene del replanteamiento de cómo funciona España a partir del 15 de mayo de 2011, y probablemente de un poco antes. Hay coherencia entre lo que hacíamos en las asambleas de estudiantes y lo que hicimos en el 15-M o, después, en La Madreña, en las mareas ciudadanas. Todo parte de la impresión que se resume en el no nos representan. La mía empezó en una sidrería, donde estaba viendo un partido de la Champions a principios de 2011. En el descanso hubo un Telediario y ahí me enteré del pacto entre José Luis Rodríguez Zapatero, UGT y CCOO para retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años. Eso implicaba que yo me jubilaría más tarde y en peores condiciones. Me dejó una sensación de orfandad, de que nadie me representa y todos estamos solos ante esto. O damos un paso o no vamos a encontrar los actores que nos resuelvan los problemas. Lo bonito del proceso fue darme cuenta de que la sensación de orfandad era colectiva. Mucha gente se siente igual en toda Asturias, en toda España.
Si no existiera Podemos, si Pablo Iglesias no hubiera aglutinado a esa gente, ¿habría cristalizado de alguna otra forma? ¿Está la sociedad española madura para un movimiento que dé expresión a esas sensaciones?
Sí. En junio 2013, colaboré en un editorial de Atlántica XXII que se titulabaDevolver el golpe en las urnas. Defendía el argumento de que, después del 15-M, las élites políticas, empresariales, sindicales, judiciales y de los medios de comunicación se habían cerrado sobre sí mismas. Las demandas ciudadanas mayoritarias de cambio a los dos lados del espectro político se desoían con la esperanza de que la ola pasase, la gente se cansase y se volviese a sus casas, y todo volviera a ser como antes. Solo con un golpe en las urnas y una movilización política puede atacarse ese bloqueo. La ciudadanía, que está alejada de todos los partidos, necesita una voz. Podemos llega en ese momento de falta de horizontes. Muchísima gente lleva tiempo movilizándose en las mareas, en los conflictos laborales, en la Universidad… Pero llega un momento en que no tienes claro dónde va todo eso. Te preguntas: “¿Qué va a cambiar si no somos capaces de echarles?” Y eso es lo que da fuerza a Podemos, el plantearse dar un paso más y entrar en ámbitos donde ni nosotros ni ellos nos lo planteábamos. Ante el discurso de que no hay alternativa, Podemos dice que sí la hay: hagamos algo que no solo nos creamos, sino que sea radicalmente distinto y haga cambiar de bando no solo el miedo, sino también la ilusión.
¿Cómo se van a traducir esos principios en un programa y una lista? ¿Qué plan de trabajo hay para articular una oferta a los ciudadanos que acudan a votar en mayo?
No somos un partido al uso, con una estructura de liberados y profesionales de la política. Podemos solo funcionará si la gente que siente simpatía por su proyecto se considera protagonista y agente del cambio social. Eso significa asumir la responsabilidad de dinamizar la participación, las propuestas y los espacios de organización o movilización. Digamos, por ejemplo, que un funcionario puede crear un espacio donde la gente discuta de verdad sobre ese ámbito y se replantee el funcionamiento de la administración pública. Nuestra función es canalizar esas ganas de cada persona de solucionar sus propios problemas. Esto no es para beneficiarme a mí, sino a todos. Por eso dimos el paso de crear Podemos. Lo que está en juego son nuestras vidas y, si no somos capaces echar a la gentuza que nos gobierna, la consecuencia es que acabaré emigrando, trabajando en Inglaterra en lo que sea, sin poder casarme ni tener hijos, si ese es mi deseo, por falta de estabilidad. No queremos vivir una vida de precariedad, pero esa es la solución que nos dan ante la crisis: devaluación salarial, despidos más fáciles, mayor emigración y pagar a los bancos. Nosotros estamos disconformes y pedimos a la gente que participe. El plan de trabajo pasar por abrir espacios para que se implique más gente. El consejo ciudadano no está formado por las secretarías de un partido, sino por personas que tienen unas áreas colegiadas con la función de generar grupos de trabajo hacia el exterior. Toda la gente que ya está gobernando Asturias, porque son trabajadores públicos que se esmeran en la sanidad o sacan adelante empresas privadas, tiene que dar el paso adelante. Con ella haremos el programa electoral.
¿Nunca será necesario un secretario general profesionalizado, alguien que cobre por dedicarse en exclusiva a coordinar esas tareas?
Hay que mantener el principio de la no profesionalización. Una cosa es recibir una remuneración por ejercer una función durante un tiempo determinado y otra es vivir de esto y hacer de esto tu profesión. Por eso ponemos el límite de ocho años en los cargos públicos y de seis en la secretaría general. Me he comprometido a eso, y quién sabe si no me habré ido antes… En todo caso, es el tope que tenemos. Es positivo que la gente esté vinculada a su puesto de trabajo y que no haya diferencias entre unos profesionales que gestionan Podemos y el resto del mundo. Luego, quienes sean cargos públicos también deben mantener su profesión, en la medida de lo posible. Habrá casos, claro, en los que sea necesaria la dedicación exclusiva. Pero, vamos, la sociedad pide otra cosa, está hasta las narices de políticos profesionales que llevan desde los 25 años en el Parlamento. Lo vemos en Asturias. Los líderes de los cuatro principales partidos asturianos suman 100 años en cargos públicos. Cascos y Mercedes Fernández ya lo eran antes de que yo naciese. Gaspar Llamazares y Javier Fernández, cuando yo tenía 10 años. Creo que han perdido la vinculación con la sociedad, porque llevan décadas sin juntarse con gente de fuera de la política. Es un error. Necesitamos gente normal, que haya ida y vuelta. Yo he vivido en Suiza y la gente no está en política más de cuatro u ocho años. Hay servicio público sin diferencias entre líderes y ciudadanos. Lo contrario, lo que tenemos que romper aquí, está en la base de la corrupción. Si tú llevas 30 años en una red cerrada en la que, si pierdes el cargo público, pierdes también tu puesto de trabajo y no tienes nada que hacer, eres mucho más susceptible de corromperte.
¿Nunca va a cobrar como secretario general?
El secretario general de Podemos no cobra. Espero que siempre sea así. No estamos aquí para solucionarnos la vida ni a nosotros ni a nuestros amigos. No se trata de llegar a un gobierno para repartir direcciones generales y jefaturas de servicio ni puestos de asesores. Queremos lo contrario: que la gente más preparada de la Administración pública sea la que ocupe esas funciones. Hay suficientes profesionales preparados a los que no se deja hacer su trabajo. De esa manera, la administración pública será más eficiente. Lo que pasa es que, tradicionalmente, la política ha sido lo contrario, la sustitución de una casta por otra. Nosotros no venimos para hacer eso. Queremos regenerar, ser los agentes del cambio, pero no sus beneficiarios.
Se ha comentado mucho su falta de sede, la ausencia de un lugar que sea Podemos Asturias. ¿Se lo replantearán ahora que han crecido?
Tenemos algunos locales. Los compañeros de Llanera han abierto un local social, por ejemplo. Nuestra filosofía lo permite, siempre que sean centros sociales en vez de sedes de un partido político, lugares a disposición de cualquier grupo de jóvenes, de mayores o de lo que sea en esa localidad. Precisamente el local de Llanera se llama Llar de la Gente, y esa es la idea. Cualquier persona puede llegar y pedir usarlo como lugar para reuniones, porque no había otro. ¿Qué ha pasado en Oviedo con el derribo de la Madreña?
Sí, pero se lo planteo más pensando en cómo organizar Podemos. Han crecido, tienen un consejo ciudadano, ¿no necesitan un espacio donde trabajar en común?
Nos parece bonito reunirnos en lugares públicos, como cualquier otra asociación sin dinero para un local propio. La ciudadanía lo hace continuamente. Si tenemos un local en Oviedo no ha de ser para nosotros, sino para cubrir la carencia de espacios públicos en la ciudad. Pasa también en Gijón, pero en Oviedo tenemos el ejemplo de La Madreña, que mencionaba antes. Allí se reunían grupos de crianza, chavales que ensayaban su música clásica, otros grupos de música, quienes veían películas y, de repente, no encuentran dónde poder hacerlo. Juntarse lleva a una sociedad emprendedora y lo demás son palabras vacías. Así que nosotros solo queremos centros sociales abiertos a la gente.
Son ambiciosos cuando hablan de las elecciones autonómicas. Salen a ganar, se ve como la mayoría social. ¿Lo pintan demasiado fácil?
Es que somos la mayoría social. La brecha abierta en el 15M hace que esa mayoría impugne el sistema político que el PP y el PSOE han construido en España. Otra cosa es que logremos convertirla en la mayoría electoral.
¿Reflejarán las urnas esa mayoría hasta el punto de dar a Podemos más de 23 escaños, la mayoría absoluta de la Junta General del Principado? ¿Es un exceso de ambición?
Es la única opción que nos queda. Si el PP y el PSOE suman 23 diputados, van a gobernar juntos. Directa o indirectamente. Ya lo están haciendo de facto. Esta semana han cerrado la comisión del caso Villa contra la opinión del resto de los grupos parlamentarios, han rechazado la propuesta de las ONG que trabajan con la discapacidad, han aprobado los presupuestos en común y no han aprobado el consejo de administración de la TPA para los próximos seis años porque al final les dio vergüenza, pero esa era su idea inicial. Son pequeñas píldoras de lo veremos en mayo si suman esos 23 diputados. A partir de ahí, si queremos un cambio radical y una vida futura alternativa al desmantelamiento y el saqueo progresivo, al exilio forzado de los jóvenes, necesitamos sumar nosotros esos 23 diputados. Y creo que es posible. Se percibe en las calles una mayoría social que vamos a escribir en una victoria electoral.
¿Se piden demasiado a sí mismos? ¿Ponen un listón tan alto que, incluso si consiguen un buen resultado y un grupo numeroso en el Parlamento, puede percibirse como una decepción, un fracaso, si no alcanza esa mayoría absoluta?
Mire la historia reciente de Asturias. Cuando Francisco Álvarez-Cascos consigue la victoria con 16 diputados, hubo un acoso y derribo, votaciones en común entre el PP y el PSOE. Lo que va suceder si no somos capaces de tener una mayoría lo suficientemente amplia en el Parlamento es que habrá un pacto en la sombra entre ellos –como ya existe— para derribar un gobierno de la gente. Ellos, en cambio, pactan los presupuestos en los chalés de Somió donde viven Javier Fernández y Dolores Carcedo. A la ciudadanía no le sirve un gobierno nuestro si ellos lo tiran abajo para que no cambie las políticas públicas y se siga recortando en educación o hagan falta más anestesistas en el HUCA. O haya lista de espera en las residencias geriátricas. ¿Se va a poder investigar la corrupción, auditar la democracia en Asturias? Me refiero al caso Villa, a El Musel, el caso Aquagest en casi 30 ayuntamientos asturianos. No nos van a dejar abrir las ventanas de par en par, lo van a bloquear si pueden. Necesitamos una mayoría amplia. No conseguirlo no sería una decepción para Podemos, sino para toda la ciudadanía asturiana. Hay que cambiar aspectos clave para fijar población y tener un futuro aquí. Que paguen la crisis los que la han creado. Aquí falta un proyecto a largo plazo y sobra el desmantelamiento progresivo, empresas que cierran poco a poco, redes clientelares que desvían fondos mineros a empresas que lo saquean y jóvenes que se forman y luego se van a vivir a Londres, a Berlín o a Chile, como una compañera del consejo ciudadano, y aportan allí lo que saben. No hablamos de 23 diputados por soberbia, sino por necesidad de cambio.
Es ese tipo de discursos el que alimenta críticas a Podemos por esa elección binaria entre nosotros y ellos. Existen otras alternativas al PP y al PSOE. ¿Todo lo que no sea Podemos es política antigua? ¿No se pasan de drásticos?
Lo drástico son las políticas del PP y el PSOE. De verdad se han repartido Asturias durante décadas. José Ángel Fernández Villa y Gabino de Lorenzo han representado esa entente, ese reparto de ciudades enteras. Hay que romper con eso.
Pero hay partidos distintos a PSOE, PP y Podemos…
Sí. Me parece muy bien. Es más, algunas de esas alternativas también son un reflejo de la situación de ruptura del sistema bipartidista. Es positivo que surjan y también lo planteen. Lo único seguro es que la gente que nos ha traído a la crisis y que ha hundido Asturias y España no puede sacarnos de ella. Ni siquiera está preocupada por eso. Está preocupada –lo digo en broma, aunque es serio— con borrar discos duros y hacer que prescriban los potenciales casos de corrupción en que pueda estar involucrada. Lo dice la Unión Europea: el Gobierno español dilata la investigación sobre El Musel porque parece que quiere que prescriban los delitos. Esa gente no tiene soluciones. Sí Podemos, mayoritariamente, y otras opciones políticas. Habrá puntos de encuentro en materia de regeneración democrática, seguro. No somos los únicos que pensamos así y eso es bueno.
¿Corre Podemos el peligro de ser solo un receptor temporal de ese enfado ciudadano, de ser un desahogo en este año cargado de elecciones? ¿Qué tiene que hacer para permanecer y crecer?
Lo que hace real a Podemos no es que Pablo Iglesias salga en la tele, sino la gente que hay en muchos sitios, en la calle, montando círculos, trabajando en los barrios. Eso que sucede abajo es la realidad y, luego, lo que sucede en la tele está muy bien pero se sostiene en lo otro. Que haya en Asturias centenares, miles, de personas en los círculos nos da una implantación que no tienen ni varios de los partidos con representación en el Parlamento. Eso ya nos hace diferentes. ¿Qué hacer para que perviva en el tiempo? Estamos acostumbrados a salir a manifestarnos ante los gobiernos para que no nos recorten tanto como parecían decir, para que la reforma laboral sea menos dura, para que rebajen un poco sus intenciones y así nos quedamos contentos. Hemos vivido a la defensiva, esperando que nos traicionen. La solución de Podemos es hacer en sus primeros cien días de gobierno lo que la gente quiere que haga. Va a ser un shockporque no estamos acostumbrados. Si Podemos es capaz de hacer en ese plazo cuestiones de mucho sentido común que todos estamos deseando que se hagan –contra la emergencia social, medidas estructurales de auditoría de la democracia o en materia, en materia de empleo y anticorrupción—, si es capaz de hacer todo eso, mucha gente dirá: “Son de los nuestros, han hecho lo que decían”.
Aún no han elaborado el programa, pero ¿qué se puede dar por sentado que incluirá y se abordará en esos primeros cien días?
Estamos en ello y lo abordaremos en las próximas semanas. Lo que plantearemos con seguridad serán medidas de regeneración de la administración pública, transparencia y fin de la dedocracia; el rechazo de las privatizaciones; la atención a la emergencia social en materia de vivienda, alimentación y salario social; solucionar todos los conflictos laborales que se están viviendo en Asturias, con trabajadores que quieren seguir trabajando y a los que no les dejan. Sin duda, habrá ese tipo de cosa en el programa. Más claro: ¿qué se hará en materia de vivienda? Lo que diga la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que ya es un referente en la materia. También habrá una auditoría con un ejército de abogados para comprobar el estado de la deuda, la democracia y la corrupción, no vayamos a encontrarnos, como en Grecia, con que alguien se ha llevado los papeles, los discos duros y hasta el jabón. Todo lo que había. Y, antes de venir a esta entrevista, he estado en una reunión para hablar de presupuestos y de la manera de financiar esas decisiones en los primeros días de gobierno.
¿Quién será la cara del proyecto? Faltan las primarias para elegir el candidato, pero ¿de dónde saldrá? ¿De quienes han estado en Podemos desde primera hora? ¿De la Universidad? ¿Será usted mismo?
Hay que decidirlo entre mucha gente. Entre toda la ciudadanía asturiana, en realidad, porque a las primarias de Podemos se puede presentar cualquier persona, además de votar en ellas. Elegir a quien puede ser el futuro presidente de Asturias requiere calma, reflexión y un debate propio. Este fin de semana tendremos una reunión para abordar el calendario. Intuyo que esa elección se hará en el mes de marzo, pero no puedo decir ahora una fecha exacta para las primarias.
En todo caso, entiendo que no se va a apurar el tiempo para que coincida con la presentación formal de las candidaturas ante la Junta Electoral.
No. En marzo se abrirá el debate. Pero es importante recalcar la apertura. Ya se ha visto ahora, en el consejo ciudadano. Ha entrado gente que llevaba en Podemos desde el primer día y otra que lleva poco tiempo pero nos representa de la misma manera. Como hay mucha gente que participa en las trincheras locales de la sociedad civil y es Podemos aunque no esté en los círculos. Para nosotros, no hay dentro y fuera. Toda la gente que piensa que es necesario un cambio político y social es Podemos, aunque no participe directamente. Por eso nuestra estructura prefiere las formas líquidas y permeables. Cualquier persona puede llegar, participar y ser candidata. Los partidos que siempre hemos visto, cerrados sobre sí mismos, aislados de la sociedad, quizá con un fichaje estrella independiente, hay que romperlos. Nosotros somos dinamizadores. El día que pensemos que Podemos es nuestro habremos fracasado.
¿Se verán alianzas? En Andalucía, habrá candidatos de Equo integrados en las listas de Podemos. ¿Está sobre la mesa en Asturias algo similar?
Cualquier ciudadano puede participar en nuestras primarias. Por poner un caso extremo, Álvarez-Cascos, que ya no va a encabezar la candidatura de Foro, si quisiera, podría presentarse… Estamos abiertos a todo el mundo y la ciudadanía decide. Nosotros no buscamos confluencia con partidos, sino con la gente, venga de donde venga. Los huérfanos de representación, los indignados y huérfanos de representación tenemos muchas ideologías pero compartimos la sensación de que nos han robado la democracia. La gente de arriba, los que tienen dinero, los Masaveu en Asturias y los que están en la lista Falciani no nos representan para nada. En las elecciones locales apostamos por candidaturas vecinales que recojan a los vecinos.
Para marcar diferencias de estilo, ¿debería haber dado más la cara Juan Carlos Monedero en los últimos días, tras la publicación de los pagos a su empresa?
Yo creo que ha dado la cara, más explicaciones que las hemos oído, por ejemplo en el caso Villa. Si ahí se hubieran dado la mitad de las explicaciones que ha dado Monedero, sabríamos mucho más de ese dinero. O los 2.000 evasores de la lista Falciani, con miles de millones en el extranjero. Pero el ministro de Hacienda no habla de ellos.
Pero a Monedero se le ha visto poco en persona. ¿Se podría haber gestionado de otra manera?
Su estilo es dar la cara y adelantarse. Lo tradicional es no hacer nada hasta que me imputen, y luego hasta que me condenen, y luego hasta que se resuelvan los recursos. Así pasan 20 años y nunca nadie da explicaciones. Tenemos a toda la cúpula del Partido Popular que presuntamente cobró en sobres a cambio de adjudicaciones de obra pública y nadie ha explicado nada. Monedero tomó la iniciativa e hizo una declaración complementaria.
¿No le ha faltado presencia pública para explicarlo?
Va a hacerlo. En todo caso, nuestro código ético para los cargos públicos es muy estricto. Quien lo vulnere –fuera Monedero o cualquier otro— tendría que cumplir. Es un caso abierto y ha dado explicaciones. Quizá se ha hecho mejor o peor, pero se ha hecho. Hay un intento de decir: “¿Veis cómo Podemos es igual que nosotros?”
¿Es ese escrutinio severo el precio que Podemos debe aceptar por levantar la bandera de la regeneración y la moralización de la vida pública o se siente tratado de forma injusta?
Los criterios son los mismos para todos. Solo sacando las decisiones de los núcleos de los partidos recuperaremos la política. Podemos genera esas herramientas y es útil. Y no es justo el nivel de acoso a Podemos en los últimos ocho meses. No tiene comparación con nada que hayamos visto antes. Lo que demuestra es el miedo de las élites. Quien está en la lista Falciani y posee influencia sobre el Gobierno y medios de comunicación está muy feliz hablando sobre Monedero y no sobre los miles de evasores fiscales. Hay ataques durísimos, más allá de este caso. Nosotros tenemos el compromiso de dar explicaciones sin plasma. Unas veces nos gustará más y otras menos, pero las daremos. Estoy seguro de que Monedero va a darlas.

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