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Recuperación económica: la zona euro ve la luz
Finanzas.com
"La economía europea está en modo de crecimiento lento, pero ya no en recesión", apuntan los analistas de Lombard Odier. La combinación de un euro más débil, precios más bajos del petróleo, menor lastre fiscal, y aumento del préstamo y la oferta monetaria deberían impedir una recaída de la región. También nos tranquiliza la composición, en general saludable, del crecimiento del PIB de la zona euro, con contribuciones tanto de la inversión como (y sobre todo) del consumo. De hecho, "el gasto en consumo ha sorprendido al alza, a medida que el mercado de empleo se estabiliza", apuntan. Y esto no ocurre solo en la periferia. Los acuerdos alcanzados este año por los sindicatos alemanes también apuntan a un avance de los salarios y, por lo tanto, del consumo.
En este contexto, los saldos presupuestarios estructurales van mejorando gradualmente y reducen la necesidad de medidas de austeridad adicionales. Antes de las elecciones en España, "esperamos (aunque aún con escepticismo) que Alemania acepte cierta relajación de la disciplina fiscal en países en los que el ahorro privado supera el déficit presupuestario", explican en Lombard Odier. Esos países tienen capacidad para financiar su déficit. Prestar atención, en lugar de eso, a sus cuentas corrientes, sería un cambio positivo para las instituciones europeas y podría ayudar a calmar los temores de Alemania. En los últimos años ha quedado claro que los países que se han visto obligados a adoptar medidas drásticas de austeridad han crecido menos que el resto. Si se les exige mantener sus déficits por debajo del tope de Maastricht del 3% en un momento en que sus sectores privados están ahorrando más de un 5% del PIB (generando superávits por cuenta corriente récord), los efectos serán naturalmente deflacionistas.
De hecho, la deflación sigue siendo la mayor amenaza a la que se enfrenta la zona euro, dada la capacidad aún excesiva, la ausencia de reformas estructurales en algunos países y los precios deprimidos del petróleo. Por el momento, no obstante, no hay pruebas de que los consumidores europeos estén "retrasando sus compras" debido a unos precios persistentemente bajos o en descenso. Las ventas minoristas, en realidad, subieron cuando empezó la deflación, y ahora se encuentran en sus niveles máximos desde marzo de 2007. El BCE, desde luego, también está contribuyendo a desviar el brote deflacionista: por fin se ha subido al tren de la relajación cuantitativa (QE), proporcionando a los países un tiempo precioso para implementar las reformas a más largo plazo tan necesarias para impulsar la inversión y mejorar las perspectivas de crecimiento potencial.
Un riesgo de cola de la región es el pulso que mantienen el recién elegido gobierno de Grecia y la Troika, que podría mermar la confianza empresarial y entorpecer la recuperación.Esperamos que se alcance un acuerdo que permita la permanencia de Grecia en la zona euro, al menos por el momento. Grecia ha dejado de ser un problema sistémico: la exposición financiera y comercial de Europa al país es insignificante. Lo que Grecia necesita no son tipos de interés más bajos, sino mayor crecimiento económico. A su vez, esto significa que debe permitírsele mantener un superávit presupuestario primario menor.
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