lunes, 11 de mayo de 2015

Manualillos para una crísis ( 1 )

España está un 171% más endeudada desde el inicio de la crisis


Adolfo Lorentemprimir
La biblia comunitaria se llama Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) y, según sus dos grandes mandamientos, el déficit y la deuda pública, España lleva muchos años viviendo en pecado. Lleva y llevará, porque a las cuentas públicas todavía les queda mucha penitencia que cumplir. Y no tanto en el déficit, donde 'grosso modo' Bruselas ya ha conseguido meter en cintura al país, sino por la deuda, un índice clave sobre el que la UE, obsesionada con el déficit, decidió hacer la vista gorda desde el estallido de la crisis. España es quizá uno de los mejores ejemplos de una realidad en la que los Estados miembros se han sostenido de forma artificial a base de pedir cantidades ingentes de dinero. Desde el inicio de la crisis, el endeudamiento público se ha disparado un 171%, un aumento sin parangón en toda la UE con la única excepción de Irlanda, que registra un 331%.
Corría 2007 cuando la palabra España se asociaba a un milagro económico construido sobre una burbuja. Un año en el que el país lucía un cuadro 'macro' pulcro, envidiado incluso por Alemania. La deuda era del 36,2%, la mitad de la Eurozona, y el déficit... ¿Déficit? Se cerró el año con un superávit del 1,9%, es decir, que se gastaron 2.000 millones menos de lo ingresado. Ahora, por ejemplo, el país gasta 45.000 millones más de lo que es capaz de recaudar en un solo año.
Pero fue llegar 2008, la quiebra de Lehman Brothers, y todo saltó por los aires. Porque las cifras, no sólo las sensaciones, evidencian que hay muy pocos estados europeos a los que la crisis haya dejado tantas cicatrices, tanto sociales, por supuesto, como macroeconómicas. Porque 2014, cuyas cifras acaban de conocerse, cerró con un déficit del 5,8% (el más alto de la UE) y una deuda del 97,7%, que en términos nominales se eleva a 1,033 billones, 653.000 millones más que en 2007. La cantidad casi se ha triplicado, cuando en ninguna de las grandes potencias del bloque ni siquiera se ha duplicado. El único país que se ha aproxima a ello es Holanda, cuyo incremento ha sido del 75%. En Alemania, por ejemplo, sólo lo ha hecho el 37% y Francia, el 68%. España se ha sostenido a base de endeudarse y eso traerá consecuencias en forma de ajustes a corto y medio plazo.
Pero el problema, sin embargo, no es ni mucho menos español. El ratio de deuda pública-PIB se sitúa en líneas generales en la medida de la UE e incluso muy lejos de países como Italia, donde el pasivo supone el 132% de la riqueza nacional, Portugal, con el 130%, Irlanda (109%) o Bélgica, que registra un 106%. Lo de Grecia es caso aparte, ya que cerró 2014 con el 176%. Sin embargo, el límite establecido en el PEC es del 60%, un mundo comparado con las cifras actuales. Hasta la 'perfecta' Alemania lo incumple: su deuda se eleva al 74,7%. La realidad es tal que, siendo puristas, ninguno de estos países sería aceptado hoy en la Eurozona ya que uno de los criterios de convergencia de Maastrich es, precisamente, el de la deuda.
2012, la presión del rescate
En el caso de España, la presión a la que se enfrentará su Gobierno es doble. Por un lado, la Comisión, una vez atado el descontrol del déficit, entrará de lleno a controlar la deuda soberana de los Estados. Y por el otro, la propia ley española surgida al calor del rescate financiero (Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera) exige al Ejecutivo bajar la ratio de deuda pública al 60% del PIB en 2020. Algo que todos los expertos consideran «imposible» -Funcas, por ejemplo, alertó de ello recientemente- y que en Bruselas provoca «incredulidad». «¿Perdón? ¿Que en 2020, qué?», respondió un alto funcionario consultado por este periódico.
Lo que sí aseguran los informes de los burócratas bruselenses es que si el Gobierno de España no se desvía de la senda de ajuste y contención trazada en el PEC, ese 60% podría alcanzarse «en 2030». Pero, para ello, «será necesaria una mayor consolidación fiscal a largo plazo», como aseguran los análisis sobre los desequilibrios macroeconómicos españoles, que llevan años insistiendo sobre el abultado endeudamiento -el miércoles, sin ir más lejos, volverán a recordarlo en las nuevas recomendaciones específicas por países que aprobará el Colegio de Comisarios-.
En términos redondos, bajar del 100% actual al 60% exigido supone desendeudarse en unos 400.000 millones. Y según la ley española que emana de la polémica reforma constitucional, hacerlo nada menos que «en 2020». Muy simple, o se cambia la ley o la ley se incumplirá. Son números; el resto es política ficción.

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